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Algo
singular en la zona del Istmo es que en cada puerta hay un caracol impidiendo
que el viento la cierre y de vez en cuando si uno presta atención el viento
se cuela entre sus formas y el caracol emite el sonido ancestral que por
tradición nos ha unido a las naciones indígenas que hemos poblado este
continente.
Desde siempre los mayores indígenas han rescatado su sabiduría y respuestas
del viento.
La palabra es lanzada y ésta se convierte en fuerza y energía.
En la primera década del tercer milenio entendimos el significado de ésta
filosofía, conscientes ya, aunque tarde del daño que nos estamos causando
como humanidad al sobrecalentar el planeta.
El llamado del caracol susurra para convertir nuestras necesidades de
energía en un proceso eólico.
El caracol ha hablado, la sabiduría ancestral nos guía y bajo este principio
surge Juchiteca I.
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