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Hace treinta años un grupo
de jóvenes se plantearon un cambio en la forma de hacer las cosas, en
encausar el hacer en lugar del tener, en establecer principios productivos
que cubrieran las necesidades de la cintura de la Nación, dice una conseja
popular que el hilo se revienta por lo más delgado y el país se estaba
rompiendo en su parte más estrecha, el Istmo de Tehuantepec.
Las condiciones socioeconómicas obligaban a dar soluciones de largo plazo
y cubrir las necesidades inmediatas, una vez más el caracol alzó su voz
y fue escuchado.
El viento, el viento, el viento tomó forma y organizados con un incipiente
conocimiento técnico se promovió que el Gobierno Federal construyera las
primeras fuentes de energía eléctrica por medio de aerogeneradores eólicos,
creando así los primeros parques eólicos del país, gracias a un grupo
de luchadores sociales, que a fuerza de coraje y con el respaldo popular
habían arribado por la vía electoral al poder en el Municipio de Juchitán
de Zaragoza.
Mucho tiempo tardamos en descubrir la fuerza del viento y mucho más tiempo
desperdiciamos en que el Gobierno Federal entendiera lo que esto significaba
para la Nación, pero ahora frente a la crisis mundial de energía, frente
al grave deterioro que tiene el planeta y el sobrecalentamiento del mismo,
la respuesta está en el viento.
Los viejos lo sabían, nosotros lo sabemos ahora, el futuro está en nuestras
manos y la respuesta la llamamos Chunca.
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